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Trabajamos (y vivimos) con una fuerte conciencia de la dimensión sociocultural de la educación. En este sentido, sabemos que el aprendizaje es un acto social y colectivo en el que la individualidad del maestro y de los alumnos juega un papel central.
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El enfoque cooperativo nos permite priorizar en nuestra metodología ciertos aspectos: crecimiento por nodos, no por acumulación, conformación de redes, trabajo por proyectos, relación estrecha entre el entorno escolar y la vida comunitaria: padres de familia y medios de información, entre otros.
- Todas nuestras actividades poseen un carácter vivencial y exploratorio. Partimos de la certeza de que es posible, y necesario, construir teoría a partir de la práctica. Entendemos el error como oportunidad de crecimiento. Se trata siempre de descubrir pistas en la propia experiencia. Así procedemos como talleristas, así orientamos la búsqueda de los docentes.
- De manera más o menos explícita, podemos situar nuestra opción epistemológica en las cercanías de la teoría psicogenética, con referentes del constructivismo y el postestructuralismo. Sin embargo, el guiño, la improvisación talentosa, la intuición pedagógica, el método selvático, son siempre los recursos que tenemos a mano como todo maestro. La teoría tiende a la invisibilidad en nuestros trabajos. Es como un guardaespaldas, que permanece cuidando nuestros actos desde atrás, implícita.
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